El largo camino de Kitty en la lucha contra la depresión: "Encontré el rumbo de mi vida"
La tristeza, la soledad y la falta de sentido de la vida dominaban la vida de Kitty cuando aún no había cumplido los 30 años. De nacionalidad china, fue en Portugal donde consiguió respirar hondo, primero con ayuda de la psicoterapia y después con un tratamiento asistido con ketamina.
Kitty (nombre ficticio) tenía 24 años cuando vivió por primera vez en Portugal. Su regreso a China se vio dificultado por la pandemia. El aislamiento impuesto y la dificultad para establecer un diálogo con su familia más cercana fueron los detonantes que acentuaron una depresión que ya existía.
Un sentimiento de soledad se apoderó de Kitty, que se sentía despreciada por su propia familia. "Mi depresión ya existía, pero todo lo que ocurrió entonces me hundió de verdad. Pero a nadie le importaba. Mi padre había intentado suicidarse, así que mi madre no se preocupaba por mí. Me puse muy enferma, pero a nadie le importaba lo que sentía".
El regreso a Portugal funcionó como una vía de escape. Una relación amorosa enfermiza fue la gota que colmó el vaso. Kitty se encontró asustada, vulnerable y con serias dificultades para proseguir sus proyectos académicos. Tras seis meses de seguimiento por un psiquiatra de The Clinic of Change, le propusieron un tratamiento asistido con ketamina.
"En la clínica son muy estrictos, tienen normas. Estuve en terapia durante seis meses y, hasta que no me sentí preparada, mi psiquiatra nunca me habló de tratamiento, nunca intentó persuadirme para que lo hiciera. Respeto mucho a los profesionales que trabajaron conmigo. Me cambiaron la vida".
Los resultados, explica, no fueron inmediatos con la primera sesión. Al contrario, los cambios se produjeron gradualmente. A lo largo del proceso, tuvo algunas experiencias notables. Algunas la acercaron a Dios, que se le apareció como una entidad acogedora y tranquilizadora, mientras que otras la retrotrajeron momentáneamente a estados primitivos y tempranos de su propia vida, concretamente al vientre de su madre, lo que le aportó un nuevo significado.
En una de las sesiones más transformadoras de la psicoterapia asistida con psicodélicos, se dio cuenta de que la relación con su madre era uno de los puntos clave a trabajar. "Creo que mis problemas de relación se deben a que la echo de menos. Necesitaba abrazarla, pero es demasiado difícil, está demasiado lejos". La experiencia, sin embargo, la ha ayudado a lidiar con los efectos de la distancia geográfica y la separación de su familia.
Poco a poco, Kitty recuperó su propósito y su vaga visión del futuro dio paso a objetivos concretos. "Encontré mi dirección en la vida y eso era muy importante para mí. Ahora siento que tengo una misión".
Han pasado ocho meses desde que Kitty terminó su tratamiento. De vuelta a las sesiones de psicoterapia, no duda de que su vida ha cambiado: "[El tratamiento] me ayudó a encontrar sentido a mi vida".
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