En un artículo de opinión publicado en HealthNews el 9 de septiembre de 2026, Lúcio Silva, psiquiatra de The Clinic of Change y miembro de la Academy of Brain Stimulation, aborda uno de los puntos ciegos del debate público sobre la salud mental en Portugal: los pacientes que no responden a los tratamientos convencionales y las alternativas terapéuticas que existen para ayudarles.

El problema que nadie quiere ver

El punto de partida es la magnitud del problema. Según el perfil sanitario de Portugal publicado por la OCDE con datos de 2019, el 22 % de la población portuguesa padecía algún trastorno de salud mental, por encima de la media europea del 16,7 %. Las repercusiones son múltiples: costes directos en consultas, hospitalizaciones y farmacoterapia, pero también consecuencias en el tejido social, como la incapacidad laboral, el absentismo y la jubilación anticipada.

Lúcio Silva reconoce que es positivo que haya menos silencio en torno a la salud mental y que más personas busquen ayuda. Sin embargo, advierte de un aspecto que rara vez se aborda: los casos resistentes al tratamiento. Se estima que entre el 30 % y el 40 % de los pacientes con depresión desarrollan formas resistentes al tratamiento farmacológico convencional. La pregunta que surge es inevitable: ¿qué alternativas existen para quienes siguen sufriendo a pesar de haber seguido tratamientos convencionales?

Dos tratamientos innovadores con base científica

Para el psiquiatra, la respuesta pasa por la innovación terapéutica. En el artículo, destaca dos tratamientos que se han ido incorporando a la práctica clínica en Portugal y que constituyen herramientas útiles para los casos resistentes.

La primera es la psicoterapia asistida con sustancias psicodélicas. Lúcio Silva comienza por aclarar algunos malentendidos: no se trata de un uso recreativo, sino de intervenciones realizadas en un contexto clínico, tras una evaluación rigurosa, con seguimiento médico y psicológico, de acuerdo con protocolos aprobados y probados. La ketamina, en particular, ha demostrado un enorme potencial en casos de depresión resistente, por su rapidez de acción y por un mecanismo de acción distinto al de los antidepresivos convencionales. Varios países europeos, como Noruega, Francia y la República Checa, han dado pasos significativos en la integración de este enfoque en sus sistemas de salud pública.

El segundo es la estimulación magnética transcraneal (EMT), una técnica de neuromodulación cerebral no invasiva, que se realiza de forma ambulatoria, sin anestesia ni sedación, y que utiliza campos magnéticos para estimular los circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional. La evidencia internacional respalda su uso en la depresión resistente, y los metaanálisis apuntan a tasas de respuesta de entre el 50 % y el 60 %, y de remisión de entre el 30 % y el 40 %.

Un llamamiento a la acción

La conclusión de Lúcio Silva es un llamamiento directo. Para muchos pacientes, la innovación terapéutica representa una posibilidad concreta de volver a llevar una vida funcional y autónoma. Para la sociedad portuguesa, supone un frente de acción con potencial para mejorar la atención de la salud mental y reducir el impacto de la discapacidad funcional en el tejido social. «Las políticas de salud mental que se precien de ser coherentes no deben dejar de incorporar nuevos conocimientos y enfoques cuando la evidencia científica lo justifique», escribe. Y concluye con una imagen que resume bien el argumento: «Estamos pintando un cuadro sin recurrir a todos los pigmentos a los que tenemos acceso. Para muchos pacientes, esa puede ser la diferencia entre una vida vivida a todo color o en blanco y negro».

Lee el artículo de opinión completo en la edición digital de HealthNews – SAPO.