El periódico Expresso publicó el 14 de julio de 2026 un reportaje sobre el estudio piloto del Imperial College de Londres que evaluó el potencial terapéutico de la psilocibina en el tratamiento de la anorexia nerviosa, y en el que participa un investigador portugués. Frederico Magalhães, psiquiatra y colaborador del Imperial College, es uno de los autores del trabajo, publicado en el British Journal of Psychiatry.
Una enfermedad sin tratamiento eficaz
La anorexia nerviosa sigue siendo uno de los trastornos psiquiátricos más difíciles de tratar. No existe ningún medicamento autorizado para esta afección, aproximadamente un tercio de las pacientes evoluciona hacia formas crónicas y la tasa de mortalidad es la más elevada de todos los trastornos psiquiátricos, asociada sobre todo al suicidio. Uno de los mayores obstáculos para el tratamiento, explica Frederico Magalhães a Expresso, es que muchas personas, sobre todo en las fases iniciales de la enfermedad, «no reconocen» el problema, lo que dificulta el cumplimiento del tratamiento y la motivación para la recuperación.
Lo que reveló el estudio
En el ensayo participaron 21 mujeres, de entre 23 y 52 años, que recibieron tres dosis de psilocibina a lo largo de seis semanas, en un protocolo que incluía apoyo psicológico antes y después de cada sesión. Se realizó un seguimiento de las participantes durante un año. A los seis meses, se observaron mejoras significativas en los síntomas del trastorno alimentario —incluida la restricción alimentaria y las preocupaciones por el peso y la imagen corporal— y en la motivación para la recuperación. La investigación también reveló una reducción notable de la denominada «precontemplación», la fase en la que la persona «aún no está pensando en cambiar», considerada un indicador fiable de un futuro cambio de comportamiento.
¿Cómo puede ayudar la psilocibina?
Una de las hipótesis explicativas está relacionada con la rigidez cognitiva que suele caracterizar a la anorexia. Según Frederico Magalhães, los estudios de neuroimagen sugieren que la psilocibina puede provocar una reorganización temporal de la actividad cerebral, «disminuyendo la rigidez de los patrones habituales y aumentando la comunicación entre regiones del cerebro que normalmente interactúan menos entre sí». En la anorexia, esta apertura puede hacer accesibles emociones, recuerdos y sensaciones corporales que la persona suele filtrar, lo que da cabida a nuevas perspectivas sobre sí misma y sobre la enfermedad.
Resultados prometedores, aunque aún preliminares
Los autores destacan las limitaciones del estudio: una muestra reducida, la ausencia de un grupo de control y una gran variabilidad en la evolución de los síntomas entre los participantes. Aun así, la valoración de Frederico Magalhães es positiva: «Nos encontramos ante una población de personas que, de media, padecían la enfermedad desde hacía 11 años y que, en principio, presentaban un alto riesgo de cronificación. Y una gran proporción de esas personas mejoró significativamente con este tratamiento». Ya se están preparando ensayos clínicos aleatorizados de mayor envergadura.
El psiquiatra defiende además que se debe debatir la posibilidad de un acceso más precoz a la terapia con psilocibina para los pacientes con anorexia crónica y gran sufrimiento, siempre en un contexto clínico y con seguimiento especializado, al igual que ya ocurre en oncología con tratamientos prometedores que aún se encuentran en fase experimental.
El artículo se publicó originalmente en Expresso el 14 de julio de 2026. Puedes leer el artículo completo AQUÍ.


