Centros de referencia de hospitales de todo el mundo están recurriendo a sustancias psicodélicas como la ketamina como una forma eficaz de tratar diversas enfermedades psiquiátricas, como la depresión. ¿Serán estas sustancias el futuro de la medicina en el ámbito de las enfermedades mentales? «Ya son el presente y se están abriendo camino», admite la psicóloga clínica Carla Mariz, en declaraciones a SAPO Lifestyle, el día en que se inaugura la primera clínica privada en Portugal dedicada a la psicoterapia con el uso de estos fármacos.
Cuando los Beatles lanzaron «Lucy In The Sky With Diamonds» a finales de los años 60 del siglo pasado, en plena revolución hippie, rápidamente se interpretó la canción como una oda al LSD. Y aunque John Lennon negó rotundamente a la revista Rolling Stone, años más tarde, que el título ocultara una abreviatura poco inocente, la asociación ya estaba hecha.
El descubrimiento accidental en un laboratorio de la dietilamida del ácido lisérgico, o LSD, en los años 40, fascinó a la comunidad científica por su potencial terapéutico. Sin embargo, con la entrada de esta sustancia en los circuitos recreativos, ya en las décadas de los 60 y los 70, se convirtió rápidamente en el blanco de las autoridades sanitarias debido a los peligros asociados a su consumo sin supervisión.
Más de medio siglo después, el poder de los psicodélicos resurge ahora en centros científicos que buscan tratamientos alternativos contra la depresión, una enfermedad para la que ,en un número reducido —perosignificativo— de personas ,no existe un tratamiento eficaz en su forma convencional. En este ámbito, fármacos como la ketamina están acaparando una atención especial.
«Estudios recientes sugieren que la ketamina, además de potenciar la neuroplasticidad, puede revertir los daños causados por el estrés crónico —como, por ejemplo, el agotamiento— y por la depresión, y abrir una ventana durante su periodo de acción a través de la cual, con psicoterapia, se puedan crear nuevas conexiones cerebrales», explica Carla Mariz, psicóloga clínica especializada en psicoterapia asistida con ketamina.
«Estas sustancias, en concreto la ketamina, la MDMA o la psilocibina, tienen en común el hecho de que inducen estados de conciencia ampliada, lo que permite que la mente se revele. Estos compuestos, tan dispares desde el punto de vista molecular, están de hecho unidos por sus efectos únicos sobre la conciencia, la percepción, la identidad y la creación de significado, es decir, sobre cómo entendemos y damos sentido a nuestra vida», añade.
Una de las dificultades a las que se enfrentan los pacientes con trastornos mentales crónicos, como la depresión prolongada, está relacionada con el acceso a las causas de la patología, a menudo asociada a un funcionamiento mental rígido. Es en este aspecto donde los psicodélicos pueden desempeñar un papel clave.
«Estas tres sustancias actúan en el cerebro de formas muy diferentes, pero permiten a la persona verse a sí misma afrontando sus propios problemas y adquiriendo una nueva perspectiva sobre sí misma y sobre lo que la rodea», afirma Carla Mariz, que ejerce desde 2005 en el Hospital Júlio de Matos, donde trabajó con ketamina en la Unidad de Depresión Resistente. […]
Además del tratamiento de la depresión, en el que los estudios hablan de tasas de eficacia de hasta el 75 %, existe bibliografía publicada sobre el potencial de la ketamina en el tratamiento de la ansiedad, el trastorno por estrés postraumático, la dependencia del alcohol y los trastornos alimentarios. Es en este sentido que el fármaco se administra ahora también, en una perspectiva de uso no indicado en la ficha técnica, es decir, el uso de un medicamento para una indicación determinada que no ha sido validada por la autoridad reguladora.
En un estudio científico reciente con pacientes que padecen trastorno de estrés postraumático, el 67 % de las personas tratadas con ketamina redujeron significativamente los síntomas en tan solo dos semanas. En el caso de los ensayos clínicos con alcohólicos, por ejemplo, se alcanzaron tasas de abstinencia del 86 % en los seis meses posteriores al tratamiento, y sin efectos adversos, lo que contrasta con índices inferiores al 25 % en comparación con los métodos convencionales.
«La ketamina es la única sustancia que se puede utilizar legalmente. En el año 2000 se publicó el primer estudio aleatorizado que demostraba su potente efecto antidepresivo y, desde entonces, se han realizado innumerables estudios que demuestran sus beneficios para la salud mental. Se están llevando a cabo otros estudios con otras sustancias psicodélicas, concretamente la MDMA y la psilocibina. Los resultados son extraordinarios e importantes para su posible legalización en el futuro», admite la especialista.
Pero la alarma social asociada al consumo de psicodélicos que se generó en la segunda mitad del siglo pasado se resiste a desaparecer. «Se mantiene desde hace décadas y parece anteponer los prejuicios a los datos científicos, que deberían analizarse con mayor imparcialidad. Estamos hablando de un cambio de paradigma en el tratamiento de enfermedades en las que nada más ha dado resultado», afirma.


