Durante un día, investigadores, clínicos y filósofos debatieron sobre el uso terapéutico de los psicodélicos en el campo de la salud mental. El evento Terapia psicodélica: de la evidencia a la equidad tuvo lugar en la Fundación Champalimaud, con la presencia de ponentes internacionales.
Tras la reunión, SIC Notícias habla de "un área que promete revolucionar la salud mental", con resultados comprobados en el tratamiento de la depresión, la ansiedad y el trauma. "El objetivo era discutir el uso terapéutico de los psicodélicos y reflexionar sobre el marco ético, regulatorio y social de su potencial clínico", dijo Albino Oliveira Maia, director de la Unidad de Neuropsiquiatría de la Fundación Champalimaud, en declaraciones al canal de noticias.
El acto tuvo lugar en el marco de PsyPal, un consorcio financiado por la Unión Europea que estudia el uso de la psilocibina -un compuesto psicodélico presente en ciertas setas- para aliviar los síntomas de la depresión en personas con enfermedades graves. Desde 2024, la fundación colabora en el estudio de esta sustancia, con el objetivo de implementarla en el tratamiento de personas con enfermedad de Parkinson, algo que ya está ocurriendo, aunque en fase de prueba.
Jules Evans fue otro de los ponentes invitados. Este filósofo e investigador británico se ha dedicado a comprender los efectos menos explorados del consumo de psicodélicos como el LSD, la psilocibina, el DMT o la mescalina en la salud mental. "Los psicodélicos son amplificadores [...] En condiciones favorables, pueden provocar avances emocionales y cambios positivos duraderos. Pero en contextos estresantes o inseguros, la experiencia puede llegar a ser abrumadora, aterradora o desorganizadora", declaró a SIC Notícias.
Otra de las sustancias debatidas por los expertos fue la ketamina, cuyo uso en este contexto fue aprobado por Infarmed este año. "[...] el estudio en el que participamos mostró buenos resultados: alrededor de la mitad de los pacientes lograron la resolución completa de los síntomas al cabo de 32 semanas", resumió también Oliveira Maia.
Entre las conclusiones más consensuadas del simposio celebrado el 1 de octubre destaca la importancia de garantizar la seguridad de estos tratamientos mediante una supervisión profesional acreditada y una sólida base científica. Responsabilidad y prudencia son, por tanto, ideas clave compartidas por los especialistas.
"La prohibición no funcionó: empujó el consumo a la clandestinidad. Pero la libertad sin regulación sería imprudente. Necesitamos normas de seguridad claras, licencias para los facilitadores, educación pública y marcos jurídicos que reconozcan el uso terapéutico y espiritual, protegiendo al mismo tiempo a las personas de los abusos y la explotación", afirmó Evans.
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