Un estudio piloto del Centre for Psychedelic Research del Imperial College de Londres, publicado el 8 de julio de 2026, sugiere que la psilocibina —el compuesto activo de las setas psicodélicas— podría tener potencial terapéutico en el tratamiento de la anorexia nerviosa, cuando se combina con psicoterapia.

Una enfermedad para la que no existe un tratamiento eficaz

La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario grave, con la tasa de mortalidad más elevada de todas las enfermedades mentales, y para el que los tratamientos disponibles siguen siendo limitados y, a menudo, ineficaces. En el estudio participaron 21 mujeres con una media de 11 años de enfermedad, que no habían obtenido resultados duraderos con tratamientos anteriores. La edad media era de 32 años, con un índice de masa corporal medio de 16,4 kg/m², por debajo del umbral considerado saludable.

¿Cómo se llevó a cabo el estudio?

A lo largo de seis semanas, las participantes recibieron tres dosis orales de psilocibina —una dosis inicial reducida y dos dosis elevadas de 25 mg, con intervalos de dos semanas—, acompañadas de sesiones prolongadas de psicoterapia antes y después de cada administración. Para hacer un seguimiento del impacto a largo plazo, se evaluó a las participantes dos semanas, tres meses, seis meses y un año después de la última sesión.

Resultados alentadores, con las debidas precauciones

Aunque no se registraron cambios significativos en el índice de masa corporal —lo cual era de esperar dado el breve periodo de seguimiento—, los síntomas del trastorno alimentario se redujeron en todos los momentos de evaluación. Casi todas las participantes (18 de 21) mostraron mejoras dos semanas después de la última sesión, y el 48 % presentaba, a los tres meses, puntuaciones comparables a las de una persona sin trastorno alimentario. La motivación para la recuperación aumentó y se mantuvo durante un año.

La psilocibina mostró un perfil de seguridad favorable, siendo el dolor de cabeza y las náuseas los efectos adversos más comunes. Una participante abandonó el estudio tras la segunda dosis. Los investigadores registraron además eventos adversos graves en una participante durante el periodo de seguimiento, los cuales fueron evaluados por los responsables clínicos y no se consideraron relacionados con la intervención con psilocibina —teniendo en cuenta que esta población de pacientes presenta, por sí misma, un alto riesgo de conductas suicidas—.

El contexto clínico es determinante

Los investigadores subrayan que se trata de un estudio preliminar de pequeña envergadura, sin grupo de control, y que los resultados justifican la realización de estudios más amplios y rigurosos. Además, insisten en que las terapias con psicodélicos deben ser siempre diseñadas y llevadas a cabo por profesionales sanitarios con experiencia, en un entorno clínico estructurado y con seguimiento psicoterapéutico.

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